Terapias Complementarias para tratar la Artritis: ¿Eficaces?

junio 02, 2016 - by admin - in Enfermería, Fisioterapia, Noticias

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La semana pasada nos hacíamos eco de un artículo publicado en la revista especializada “Reumatología Clínica” que trataba sobre la eficacia de las terapias alternativas en el tratamiento de la Artritis Reumatoide (AR). La primera parte de dicho artículo trataba especificamente sobre intervenciones nutricionales, podéis releer nuestra entrada AQUÍ.

La segunda parte del artículo trata sobre la eficacia de las terapias complementarias para tratar a pacientes con AR y es en la que nos vamos a centrar esta semana.

El artículo (al que podéis acceder de forma gratuita y completa pinchando en el enlace) se titula “Have complementary therapies demonstrated effectiveness in rheumatoid arthritis?”

Respecto a la Actividad Física:

La inactividad física es el cuarto factor de riesgo más importante si de mortalidad hablamos. Las personas que hacen ejercicio tienen tasas más bajas de enfermedades coronarias, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, síndrome metabólico, cáncer de colon, cáncer de mama, depresión y la mortalidad relacionada con todas estas causas. La actividad física disminuye el riesgo de fractura y la pérdida de la densidad mineral ósea y aumenta la masa muscular, la fuerza y la potencia. Sin embargo, en los pacientes con AR la actividad física se ha relacionado con el aumento de la tensión articular, el dolor, la actividad de la enfermedad y el daño de las articulaciones. De forma que es inevitable no preguntarse si ¿Es apropiado recomendar el ejercicio a pacientes con AR?

De acuerdo con los últimos datos, el ejercicio no se ha asociado con efectos nocivos sobre la actividad de la enfermedad, el dolor o la afectación radiológica. Por lo tanto, la actividad física no empeora la AR y además probablemente proporciona beneficios adicionales.

Hurkmans et al. han valorado la eficacia y la seguridad a corto plazo (menos de tres meses) y a largo plazo (más de tres meses) de los programas de ejercicios dinámicos para pacientes con AR. Los autores concluyeron que el entrenamiento de la capacidad aeróbica combinada con ejercicios de fuerza muscular está recomendado como práctica rutinaria en pacientes con AR. Un ensayo controlado aleatorio mostró por primera vez que, después de un programa de formación progresivo de 24 semanas, los pacientes con AR ganaron masa muscular y se observó una mejora funcional. Por lo tanto el ejercicio debe recomendarse a pacientes con AR. Sin embargo, es importante destacar que la actividad física debe ser de bajo impacto con el fin de evitar dolor musculoesquelético y posibles lesiones.

Respecto al Yoga:

En los países occidentales, las intervenciones que combinan mente y cuerpo, como el yoga, que combina el manejo del estrés con la actividad física, son cada vez más frecuentes. El yoga modula la respuesta de sudoración al ejercicio dinámico y mejora la fuerza muscular respiratoria, la fuerza de prensión y la flexibilidad.

Sin embargo, la revisión de Fernández-LLanio y colaboradores recalca que la calidad metodológica de los estudios revisados es deficiente debido a la falta de “estudios ciegos” para el paciente. Dos ensayos mostraron una mejora significativa de la DAS28 (una escala de valoración de actividad de la enfermedad) asociada con la práctica del yoga. También se ha visto qué en otros estudios, el yoga mejora el dolor, la puntuación en el HAQ (cuestionario que valora la capacidad funcional) y el equilibrio.

Evans et al. tuvo como objetivo evaluar los efectos que un programa de yoga producía en la calidad de vida (CVRS) de adultos con AR en comparación con un grupo control de cuidados habituales. Los resultados del estudio sugieren que el yoga es un tratamiento complementario factible y seguro para pacientes con AR, que aumenta la calidad de vida, disminuye el dolor, la discapacidad, la fatiga y mejora el estado de ánimo. (este artículo puede leerse de forma completa pinchando aquí)

Además existen artículos publicados que demuestras que no se han comunicado efectos secundarios para el yoga en pacientes con AR como por ejemplo el publicado en “Best practice & research. Clinical rheumatology” bajo el título “Tai Chi and yoga as complementary therapies in rheumatologic conditions” (Tai Chi y yoga como terapias complementarias en pacientes reumatológicos) cuyo resumen puedes consultar aquí

Respecto al Tai Chi:

Se trata de un arte marcial chino que combina la meditación con elegantes movimientos suaves, así como, la respiración profunda y relajación.

Wang et al. llevó a cabo una revisión sistemática sobre los efectos del Tai Chi en varías patologías crónicas. Se incluyeron nueve ensayos controlados aleatorios, 23 estudios controlados no aleatorios y 15 estudios observacionales. El Tai Chi parece tener beneficios y ser seguro y eficaz en la promoción del control del equilibrio, la flexibilidad y la aptitud cardiovascular en pacientes de edad avanzada. De forma que el Tai Chi puede beneficiar a los pacientes con AR que han visto limitada su fuerza, su movilidad y presentan comorbilidades como riesgo cardiovascular, osteoporosis y depresión. Este estudio lo puedes consultar de forma completa pulsando aquí

Respecto a la Meditación:

La meditación incorpora una amplia gama de técnicas que ayuda a centrar la atención y llevar a un estado de auto-conocimiento y calma interior a la persona que la práctica. Puede aliviar el sufrimiento de los pacientes asociado a trastornos físicos, psicosomáticos y psiquiátricos y puede incluso reducir el riesgo cardiovascular. En pacientes con AR y fibromialgia puede mejorar el dolor, la ansiedad y la depresión.

En un estudio aleatorio controlado, Pradhan et al. evaluó el efecto de la meditación consciente sobre los síntomas depresivos, el estado psicológico, y la actividad de la enfermedad en 63 pacientes con AR. Después de 2 meses, no hubo diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en ningún resultado. Después de 6 meses, se observó una mejoría significativa en la angustia psicológica (reducción del 35%) y el bienestar. Sin embargo, la intervención no tuvo un impacto en la actividad de la enfermedad. Así que a la vista de estos resultados podemos afirmar que la meditación es una técnica poco efectiva para controlar los síntomas en pacientes con AR y ofrece (frente a otras terapias) pocos beneficios aunque eso sí, no produce ningún efecto indeseado ni empeora el estado de los pacientes. Puedes consultar un resumen del artículo pulsando Aquí.

Respecto a la Acupuntura:

La acupuntura es una medicina china tradicional, donde se insertan agujas finas de forma generalmente superficial en puntos específicos del cuerpo para facilitar la recuperación de la salud y para mejorar el bienestar. La efectividad o eficacia de la acupuntura ha sido probada en ensayos controlados aleatorios con estándares metodológicos no todo lo robustos que deberían haber sido.
El mecanismo de acción en la acupuntura está asociado con un efecto analgésico por la interacción con los opioides endógenos y mediadores de serotonina. Mayer et al. informaron de que la analgesia acupuntural se bloquea después de la administración de naloxona. Estos resultados apoyan el efecto de la acupuntura sobre los receptores opioide. Un análisis de la tomografía por emisión de positrones (PET) mostró que la terapia de acupuntura evocó aumentos a corto plazo en los receptores cerebrales μ-opioide. Sin embargo, a pesar de estos estudios, la evidencia actual sobre la disminución del dolor debido a la acupuntura en pacientes con AR es escasa y no concluyente.

Se incluyeron dos estudios con un total de 84 personas en una revisión Cochrane. Un estudio utilizó la acupuntura y no hay diferencias significativas entre los grupos observados. En el segundo estudio, utilizando la electroacupuntura, se pudo ver una disminución significativa en el dolor de rodilla en el grupo experimental en comparación con el grupo placebo. Sin embargo, los autores concluyeron que la mala calidad del ensayo, incluyendo el tamaño pequeño de la muestra impide hacer cualquier recomendación. Resultados como estos son los que animan a seguir investigando sobre la eficacia de esta técnica.

Respecto a la Homeopatía:

Gibson et al. compararon un grupo de pacientes con AR tratados con el fármaco anti-inflamatorio más común en el tratamiento de la AR en combinación con tratamiento homeopático con un grupo de pacientes a los que se les administro el mismo anti-inflamatorio y un preparado inocuo simulando ser un tratamiento homeopático. En el grupo tratado con homeopatía se observó una mejora subjetiva del dolor, de la rigidez y de la fuerza de agarre. Podéis consultar el texto completo del artículo pinchado Aquí.

Sin embargo en un ensayo doble ciego de 6 meses en el que participaron 44 pacientes con AR comparando la homeopatía con un placebo. No hubo diferencia estadísticamente significativa entre los grupos.

En un ensayo controlado aleatorio por Fisher y Scott se estudió si la homeopatía es efectiva para reducir los síntomas de la inflamación articular en la AR. Los resultados del ensayo no mostraron evidencia de que la homeopatía mejore los síntomas de la AR.

La revisión de Fernández-Llanio y colaboradores han limitado su revisión a los ensayos clínicos con metodología adecuada para evaluar la eficacia de la homeopatía en los pacientes con AR. Así que según lo revisado en la literatura la homeopatía no aporta ningún beneficio al tratamiento de pacientes con AR más allá de la mejora SUBJETIVA del dolor. Aunque sí que es importante destacar que ninguno de los estudios publicados ha informado de efectos secundarios asociados con los fármacos homeopáticos.

Respecto a la Balneoterapia / Hidroterapia:

La Hidroterapia / Balneoterapia implica el uso de agua en los tratamientos y en el caso de la AR se considera el tratamiento más antiguo. Las propiedades de recuperación y la curación de estas terapias se basan en su mecánica y efectos térmicos. La aplicación prolongada de calor y la presión ejercida por el agua transporta impulsos que juegan un papel decisivo en la estimulación de la respuesta del sistema inmune, reduce el estrés, vigoriza la circulación y la digestión, estimula el flujo sanguíneo y reduce la sensibilidad al dolor y el bloqueo del sistema nervioso simpático.

Una revisión Cochrane evaluó la efectividad de la balneoterapia en pacientes con AR. Se incluyeron nueve ensayos, lo que representa 579 personas. La mayoría de los ensayos informó resultados positivos, pero tienen defectos metodológicos, en cierta medida, y los abandonos debidos a la aparición de efectos adversos no fueron registrados y/o analizados. Otra revisión sistemática encontró evidencia de que el ejercicio acuático tuvo un pequeño efecto estadísticamente significativo en el alivio del dolor relacionado con la AR. Sin embargo, debido a la mala calidad metodológica de los estudios de balneoterapia, no se puede hacer ninguna conclusión sobre los efectos de esta intervención.

A modo de conclusión podemos decir que el uso de las terapias complementarias es muy común en el tratamiento de la AR por tanto el personal sanitario debe aconsejar a los pacientes con rigor científico y ayudar a mejorar la evidencia disponible. En este sentido la Sociedad Americana de Reumatología (ACR) apoya la evaluación científica y rigurosa en todos los enfoques que mejoren el tratamiento de la enfermedad. Aunque todavía queda un largo camino por delante en términos de investigación con el fin de sacar conclusiones firmes. No hay estudios a largo plazo, ni estudios para evaluar la progresión del daño articular, sin embargo, algunas terapias complementarias pueden representar una oportunidad para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes, y en el futuro pueden ser integradas en el manejo de los pacientes con AR.

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