Intervenciones Nutricionales en pacientes con Artritis Reumatoide: ¿Eficaces?

mayo 26, 2016 - by admin - in Enfermería, Noticias

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Esta semana queremos compartir con vosotros la primera parte de una revisión publicada en Reumatología Clínica: “Have complementary therapies demonstrated effectiveness in rheumatoid artrhitis?” de Fernández-Llanio y colaboradores que trata entre otras sobre las intervenciones nutricionales y otras medidas no farmacológicas para tratar la Artritis Reumatoide (AR) y su eficacia.

El artículo esta publicado originalmente en ingles, pero dado que es un free-full-text y por tanto todo el mundo puede acceder al texto, a continuación os ofrecemos una traducción del mismo:

La intervención nutricional se ha usado en pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas. En concreto, la intervención nutricional utilizada en pacientes con AR incluye: ayunos supervisados (200-300kcal / día) durante 7-10 días, la dieta mediterránea (pequeña cantidad de carne, pescado, más frutas y verduras y aceite de oliva), dieta vegetariana, dieta crudivegana, dieta elemental (dietas líquidas que contienen nutrientes que son descompuestos para hacer más fácil la digestión) y la dieta de eliminación (alimentos que se cree que son la causa de los síntomas son eliminados, y después se añade uno cada vez para encontrar cuáles causan síntomas).

Hay pruebas de que el ayuno produce una disminución del dolor y la inflamación en la AR. Sin embargo, la inflamación vuelve a aparecer cuando el paciente comienza su dieta habitual. Se ha demostrado que el ayuno seguido por una dieta vegetariana puede ayudar a los pacientes con AR. El efecto de ayuno seguido de un año de una dieta vegetariana se evaluó en un estudio aleatorizado, simple ciego controlado. El grupo en el que se probo este tipo de combinación mostró una mejora significativa en el número de articulaciones dolorosas, índice articular de Ritchie, número de articulaciones tumefactas, la puntuación del dolor, la duración de la rigidez matinal, la fuerza de agarre, velocidad de sedimentación globular, proteína C reactiva, recuento de glóbulos blancos, y una puntuación del cuestionario de evaluación de la salud (HAQ). Estos beneficios se mantuvieron presentes después de una año.

La dieta mediterránea ha resultado eficaz para reducir la presión arterial; mejorar el metabolismo de la glucosa, el perfil lipídico y lipoproteico y reducir la inflamación y el estres oxidativo en pacientes con AR. Reduce el dolor, la rigidez matutina, el número de articulaciones inflamadas y también mejora el HAQ y la actividad de la enfermedad medida con el indice DAS28 (un herramienta que mide la actividad de la enfermedad) así como la percepción del paciente sobre su enfermedad.

Una revisión Cochrane evaluó la eficacia y seguridad de las intervenciones dietéticas en el tratamiento de la AR. Los autores concluyeron que el ayuno, seguido de 13 meses en una dieta vegetariana, puede reducir el dolor. Los efectos de las dietas vegetarianas y eliminación son inciertas debido a la presentación de datos insuficientes. Los ensayos que estudiaron las dietas elementales no informaron diferencias significativas en el dolor, la función o la rigidez.

En cuanto a los suplementos nutricionales:

El aceite de pescado es rico en Omega-3 los ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs), ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA), se han asociado con la reducción de TNF-α y la IL-1β. Estas propiedades son similares a las drogas sintéticas utilizadas en los pacientes con AR, tales como fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anti-TNF. La Asociación Americana del Corazón recomienda consumir aceite de pescado para reducir los eventos cardiovasculares en pacientes con enfermedad coronaria. Los pacientes con AR presentan una alta tasa de morbimortalidad cardiovascular y el consumo de aceite de pescado podría representar un beneficio adicional en esta población. Un meta-análisis sugiere que la inclusión de PUFAs omega-3 en dosis >2,7 g/día en la dieta durante más de 3 meses reduce el consumo de AINE’s en pacientes con AR. Una revisión sistemática que incluye 23 ensayos controlados aleatorios ha mostrado un discreto beneficio en la inflamación de las articulaciones y el dolor, la duración de la rigidez matinal, la evaluación global de la actividad de la enfermedad y el dolor.

Proudman y colaboradores estudiaron en un ensayo aleatorizado, doble ciego, los efectos del consumo de aceite de pescado en la AR de reciente comienzo, empleando un protocolo ‘treat to target’ (tratar la diana terapéutica) en combinación con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD). La ingesta de aceite de pescado se asoció con una mayor tasa de remisiones (según criterios ACR) y una reducción de la dosis de DMARD’s.

Sin embargo debemos tener en cuenta que altas dosis de w-3 PUFA no se recomiendan en pacientes que puedan ser susceptibles de aumento de hemorragias (por ejemplo, los pacientes que toman warfarina), porque pueden aumentar los tiempos de coagulación.

El aceite de oliva virgen contiene numerosos compuestos que ejercen un potente efecto antiinflamatorio y antioxidante. Los principales componentes activos del aceite de oliva incluyen ácido oleico, ácido linolénico, ácido alfa-linoleico y fenólico. El ácido oleico se metaboliza en ácido eicosatrienoico (omega-9 de ácidos grasos) con propiedades anti-inflamatorias similares al aceite de pescado omega-3.

Berbert et colaboradores evaluaron si la suplementación con aceite de oliva podría mejorar los parámetros clínicos y de laboratorio de actividad de la enfermedad en pacientes con AR que ya estaban tomando suplementos de aceite de pescado. El grupo de pacientes con AR que recibieron aceite de pescado con ácidos grasos omega-3 y aceite de oliva mostraron una mejora más precoz y acentuada.

Respecto a la vitamina D:

Juega un papel en el mantenimiento de la homeostasis del metabolismo del calcio y fósforo. La deficiencia de vitamina D está vinculada a osteopenia, que se asocia con frecuencia a la AR. No obstante las funciones de la vitamina D van mucho más allá, ya que se considera un regulador del sistema inmune. Interviene en la inmunidad innata y adquirida.

In vitro, la vitamina D inhibe la activación de IL-2, IL-12, IL-6, interferón gamma (IF-γ), y TNF. La vitamina D promueve la diferenciación de los monocitos en macrófagos y tiene cualidades anti-inflamatorias a través de su capacidad para regular la producción de prostaglandinas. De hecho, en modelos murinos (ratones) de artritis, la vitamina D inhibe la progresión de la artritis.

Un meta-análisis resume los resultados de la asociación entre la ingesta de vitamina D y el desarrollo de la AR. Los autores concluyeron que una ingesta insuficiente de vitamina D se asocia con un riesgo elevado de desarrollo de AR.

Los suplementos de vitamina D podrían tener un efecto sobre el tratamiento de la AR. Brohult y colaboradores estudiaron los efectos de grandes dosis de calciferol en los pacientes con AR en un ensayo clínico doble ciego. Después de 1 año, la terapia oral con dosis altas de calciferol mostró un efecto positivo sobre la actividad de la enfermedad en la AR.

Además, en un ensayo abierto de 3 meses, la administración de vitamina D como una terapia coadyuvante con DMARD’s se correlaciona con una disminución en el dolor y los niveles de PCR en pacientes con AR.

Si hablamos de probióticos:

Decir que son microorganismos vivos que, cuando se administra en cantidades adecuadas, confieren beneficios de salud. La evidencia actual sugiere que los probióticos pueden desempeñar un papel terapéutico en enfermedades inflamatorias crónicas como la AR.

En modelos murinos de AR (ratones con AR), la administración oral de Lactobacillus Casei disminuyó las citoquinas pro-inflamatorias y mejoró la actividad de la enfermedad en comparación con un grupo de control o incluso con un grupo control tratado con indometacina. Además, So y colaboradores demostraron que la administración de Lactobacillus Casei mejoró cambios histopatológicos en las articulaciones, de manera similar a la administración de metotrexato (MTX).

Varios estudios mostraron una mejoría en el HAQ o la percepción del paciente de la enfermedad relacionada con la ingesta de probióticos. Sin embargo, la evidencia del uso de probióticos en los seres humanos es escasa. Un ensayo reciente aleatorizado, doble ciego, mostró efectos beneficiosos de Lactobacillus Casei en el dolor, recuento articular  y DAS28, en mujeres con AR. También mostró mejora en los niveles de PCR, TNFa, IL-12 e IL-10 sin describirse efectos secundarios.

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